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Tuesday, 30 June 2015

CHRIS SQUIRE

www.youtube.com/watch?v=iJu-AnzyQBI



En la totalidad de la existencia de YES Chris fue pieza clave de la banda y, en muchas maneras, el pegamento que los sostuvo juntos durante todos estos años. Debido a su destreza  fenomenal en el bajo, Chris había influenciado a incontables bajistas en todo el mundo.
Las estrellas fugaces son realmente lo que los astrónomos llaman meteoros. La mayoría de los meteoros se queman en la atmósfera antes de que lleguen a tierra. Sin embargo, alguna vez un meteoro es tan grande que llega a sobrevivir y alcanza la superficie de la Tierra.
Este llego y toco el bajo en un grupo de meteoros que bajan y nos iluminan, y ahora se fue a brillar


Nada nos deja mas en soledad
que la alegría si se va (FITO PAEZ:TEMA DE PILUSO)



Una brisa volará
 en el amanecer
 y un extraño tiempo,
 nos envolverá por fin


Si se escucha el eco
 si el viento dice adiós
 será que la canción

 llegó hasta el sol

LUIS ALBERTO SPINETTA

Sunday, 21 June 2015

TANGO EN GEELONG



Maravillosamente por momentos me disfrazo de Gris y nostalgia,llovizna y tango
,te sorprendo preguntándote
si no caminaste por ahí una tarde de junio del 81 

Hay líneas góticas al mirar al cielo que cuentan del esplendor de otro tiempo
Ni París ni Buenos Aires dice el conciente aburrido enciclopédico
 mientras yo miento a tu oído
susurrando ...por que no las dos



No en el océano, en un día silencioso donde el rayo amplio deriva lentamente sobre barro y espuma en las arenas
una ciudad se hincha entre una llanura de aguas y su tierra
 Caminando por la calle de Swanston, una hoja de otoño, marrón, flota por delante de nosotros como si ésta fuera  detrás de alguien. En el modo de la poesía, lo noto en estas cosas, en vez de ser perdido en pensamiento.  Melbourne está diciendo, aquí estoy.
Es facil encontrar el tango en las orillas del Yarra,La nostalgia te acecha en cada esquina
Mi viaje continua hacia Geelong y me pregunto sera posible encontrarse con el tango en un pueblo tan Australiano
El desafio lo planteo una invitacion de la Sociedad Tango Australis a participar de una jornada de musica y poesia organizada por maravillosos entusiastas de la musica Porteña encabezados por Richard y Pam Jarvis.

A primera vista no parece posible que el pueblo pintoresco inspire un verso de tristeza y amargura
The Customs House con su elegancia ,sus farolitos se empeñaron en contradecirme ,



Otros elegantes edificios mostraron complicidad con historias de marineros,Amores y desencuentros que indicaban la presencia de las musas nostalgiosas de los arrabales



 Afortunado erroneo preconcepto Geelong ,ese lugar y su anfitriona ,tornaron australianos del encuentro en Percantas  y Guapos dignos de San Telmo
Baile, musica y milonga,riquismos platos con buen vino
Alli estuvieron presentes en las charlas Salgan Pugliese Astor y de Lio
Carriego,Buenos Aires y Discepolo
Rivero,El cachafaz,Pallavicino

Muchas Gracias a todos los presentes , los que ayudaron Victoria,Tango Australis,Southern cross Tango y en especial Pam y Richard



Tango que me hiciste mal
y que, sin embargo,te quiero
porque sos el mensajero
del alma del arrabal;
no sé qué encanto fatal
tiene tu nota sentida,
que la mistonga guarida
del corazón se me ensancha,
como pidiéndole cancha
al dolor que hay en mi vida."

Enrique P Maroni







Tuesday, 9 June 2015

SUCEDIO EN TAMANGUEYU




Un cuento ferroviario


Esa noche el Tano estaba temprano en la estación. Llegó como a las diez menos cuarto,   buscó en el bolsillo la llave del depósito de encomiendas, abrió el candado y guardó la bicicleta. Miró de reojo hacia la oficina de auxiliares y notó que Ramón no estaba. Se habrá ido a comer pensó, tiene que volver antes de la una y media por el tren de Necochea. Encendió un Particulares y se fue caminando despacio, con las manos en el bolsillo, hacia la cabina de señales.    

Subió la escalera con desgano, abrió la puerta y saludó al Turco, otro descendiente de inmigrantes como el Tano pero bastante mayor que él,   que estaba sentado en el pupitre anotando en el libro las novedades del turno, miró la salamandra y comprobó que estaba encendida con la pava caliente para los primeros mates de la noche. Afuera, la luna iluminaba la estación,   la playa, el techo de los galpones y el paso a nivel de la ruta que cruza las vías a cincuenta metros del andén y de la cabina.    

Cuando el Turco se fue, el Tano movió las palancas de las señales, la del cambio del empalme y la llave correspondiente para comprobar que funcionaban bien, se fijó a través de la ventana que los faroles de la barrera estaban colocados y encendidos, miró el reloj de pared eran las diez y dos minutos. Haciendo girar la manivela del magneto llamó a Control, una voz monótona, del otro lado del teléfono preguntó: 

- Quién ...? 

- Buenas noches Control.... Tamangueyú... además del 113, tiene otro tráfico ? 

- No, nada antes de las seis..... Empalme Lobería clausuró a las veintidós y desde Balcarce, salvo San Agustín, todo clausurado. Del otro lado cerrado hasta Quequén.... y el 113 a horario.

- Gracias Control, buenas noches. 

            El Tano cortó y se sentó en el taburete del pupitre pensando que tenía por delante una noche tranquila.   

Mientras abría el turno en el libro de novedades, volvió a ver las viejas inscripciones que burdamente grabadas en la madera, decoraban la mesa y le hacían acordar al pupitre del colegio, donde fue estudiante allá en Veinticinco de Mayo.     Aquí había números de teléfonos, nombres y hasta consignas políticas, pero la mas extraña era una fecha, sin año y con tres cruces que parecía ser una de las últimas inscripciones de la mesa.

Preparó el mate y se puso a leer el diario que le dejara el turco, al rato se puso a mirar por las ventanas hacia fuera, hacia Necochea y en la estación notó que la luz de la oficina de auxiliares estaba encendida. Ramón volvió temprano, pensó.   

Sobre la playa vio los vagones vivienda de la cuadrilla de Vía y Obras que estaban   desde hacia mucho tiempo, desde hace como un año le comentó Ramón, vinieron a arreglar la vía después de un accidente y se fueron, pero las viviendas quedaron aquí.   

Hacia Balcarce se podía ver la vía hasta la señal de protección del empalme, la curva que se perdía tras un monte  de árboles altos  que impedía  ver mas allá  y para el lado de Tandil se veía la vía recta casi hasta Lobería, al costado izquierdo las luces amarillentas delataban el camino de acceso a la ciudad que no era muy distinta a Veinticinco de Mayo, de  donde el Tano había llegado hacía menos de un mes, como señalero relevante, para cubrir una vacante publicada en el Boletín de Servicio y que entre otras cosas le representaba un extra en su sueldo, en carácter de viático.  

Allá en Veinticinco, pensó, quedaron sus padres y hermanos, un puñado de amigos y alguna chica, amiga nomás, nada serio y un futuro poco promisorio que obligaba a buscar otros horizontes, por ejemplo en Tamangueyú, pegado a Lobería que al final resultó ser no muy distinta a su ciudad natal. No había mucho por extrañar y bastante por conocer, nuevos amigos y nuevas chicas, a lo mejor quien te dice.... no ?.   

De todas formas su trabajo le gustaba y era consiente que para poder progresar debía recorrer la línea, con suerte en no mucho tiempo sería titular en alguna cabina importante de Quequén, Tandil o Bahía Blanca o quien te dice en la sección local, con la siempre deseada posibilidad de ser ferroviario con antigüedad y un buen sueldo, nada menos que en La Capital. 

Miró el reloj y era la una y cuarto, en ese momento, haciendo sonar la campanilla del Harper,   San Agustín pedía vía para el 113.   

Al rato nomás, comprobó que el mate estaba frío y las brasas de la salamandra casi se extinguían, buscó un tronco y cortó una hoja del diario del día anterior que ya había leído y releído sin mucho interés para pasar el tiempo nomás y al darse vuelta vio y le llamó la atención una luz titilante sobre la vía de Tandil, a la altura mas o menos de Empalme Lobería. 

Apoyó el tronco y el papel sobre la mesa y abrió la ventana para ver mejor. La luz parecía la de una locomotora viniendo, se le ocurrió pensar que tal vez fuera un camión sobre el camino pegado a la línea pero no, la luz estaba sobre los mismos rieles. Recordó que la cabina del empalme y por ende el empalme mismo estaban clausurados, trató de encontrar una explicación cuando lo sorprendió el ¨tren entrando en sección¨ desde San Agustín, se olvidó por un instante de la luz y actuando instintivamente respondió otorgando vía y disponiendo cambio y señales para el 113.   

Volvió a mirar hacia la luz y allí estaba, esta vez con un poco mas de intensidad, si era un tren estaría llegando a Lobería, será un volador? Viniendo de donde? se preguntó y por las dudas volvió a llamar a Control. 

- Buenas Noches control, Tamangueyú llama.... este..., tiene algo viniendo de Empalme Lobería ? 

Nuevamente la voz monótona contestó - No, nada, ...a ver.... solo el 113 de San Agustín que pasó por esa a horario y de afuera tampoco hay tráfico.... algo más? 

- No nada mas, gracias, buenas noches. El Tano cortó y se quedó mirando la luz que poco a poco se hacía mas nítida, mas inquietante. 

Cuando a pesar de las evidencias, la luz se convertía prácticamente en las de un tren, tomó la decisión algo turbado y sin comprender la situación, de poner a peligro las señales para el 113 y disponer nuevamente el cambio del empalme como para un tren viniendo de Lobería, se quedó unos minutos mirando la luz como hipnotizado cuando otra luz, la de la locomotora del 113 apareció detrás del monte y fue a detenerse al pie de la señal a peligro. 

Un par de minutos después, la luz que se acercaba se hizo tan evidente que lo obligó a bajar las barreras del paso a nivel, las sombras de los postes y de alguna rama de un árbol cerca de los rieles, comenzaron a dibujarse desplazándose hacia afuera sobre los vidrios y la pared de la cabina, entonces cuando la luz llegó al paso a nivel, de pronto se desvaneció como si nunca hubiera existido, atrás quedó la vía y las luces amarillentas del camino de acceso a la ciudad.   

Esta vez lo sorprendió el silbato de locomotora del 113 con toques cortos pidiendo vía; alcanzó a ver a Ramón del otro lado, caminando sobre el andén, casi corriendo, hacia la cabina. Repuso el cambio aseguró la llave y bajó la señal para el tren de pasajeros que al instante se puso en movimiento. 

Ramón que estaba empezando a subir la escalera, se detuvo y gritó:  

- Tano...pasó algo ? ,  miró hacia el costado y al ver venir el tren se dio vuelta y sin esperar respuesta, bajo de un salto y se encaminó a la estación donde un par de pasajeros esperaban para abordar el tren. 

Cuando la locomotora pasó debajo de la cabina, el Tano alcanzó a ver el rostro del maquinista que miraba hacia arriba con curiosidad, éste y Ramón, razonó, habrán pensado que me quedé dormido.

           El Tren se fue de la estación y al rato también Ramón. El andén y la estación misma   con excepción de la cabina de señales quedaron desiertas, a las seis de la mañana llegaron los primeros rayos de luz matinal y con ellos el relevo. Tras cumplir con el ritual de práctica, el Tano entregó el servicio, sacó la bici del galpón de encomiendas y sin darse cuenta, instintivamente, se fue pedaleando a la pensión donde esa mañana no le fue fácil dormir.

No quiso almorzar, no tenía ganas de comer. Se subió a la bici como a las tres de la tarde y anduvo dando vueltas por Lobería. Pedaleó sin rumbo fijo   pensando en lo de la noche anterior, tratando de encontrar una explicación a lo inexplicable y sin darse cuenta llegó a la estación de Tamangueyú, al final pensó, las dos únicas personas que le inspiraban la necesaria confianza para hablar del tema, eran el Turco y Ramón.   

Vio que en la vía segunda había un carga esperando un cruce y desde el andén lo vio al turco en la cabina manipulando el Harper. Se dio media vuelta y entró en la oficina de auxiliares. 

Que haces Tano ?  

preguntó Ramón,  

viniste temprano...che....anoche... te quedaste dormido ? , volvió a preguntar   el auxiliar,   

No, contestó rápidamente el Tano, este... estaba en el baño...viste, no me sentía bien y .... bueno, me distraje unos minutos, pero nada mas.   

Hacia adentro pasó el rápido a Buenos Aires pitando fuerte y en el andén desierto levantó una polvareda que junto con el humo y el vapor de la 39 se fueron disipando mientras en la vía segunda, con un silbato corto de la mil quinientos, el carga se ponía en marcha con rumbo a Necochea.   

Volvió a la pensión, se bañó y comió algo, a las nueve y media estaba de nuevo en el andén. Guardó la bici y subió la escalera de la cabina de a dos escalones, saludó al Turco que levantando la vista del diario miró el reloj, 

- Te echaron de la pensión ?   pregunto,   

No... sabes, quería comentarte algo, le dijo el Tano, anoche..... 

Esperá que voy al baño, apuró el Turco, en ese momento el Tano se sentó en el taburete junto a la mesa y volvió a ver las inscripciones grabadas en la tabla, dio un salto hacia atrás y se quedó mirando la fecha sin año y con tres cruces que tantas veces había visto y en ese momento cayó en la cuenta que era la misma fecha de ese día. El turco salió del baño abrochándose el pantalón y el Tano   dijo sorprendido: La fecha, Turco, es la de hoy.....   

No, contestó el Turco mirando hacia fuera, hacia el paso a nivel, es la fecha de hace hoy exactamente un año. 

Hace un año, siguió el Turco, vos estabas en veinticinco, no ? 

Si, por...? 

Seguro no te acordás, claro estabas lejos.... pero ese día, mejor dicho esa noche como a las dos de mañana, venia entrando un carga del lado de Tandil. Pesado, como de doscientos y pico de ejes, cargado a Necochea y en bajada. En el paso a nivel se mandó un camión, de los grandes, viste.... y chocó violentamente contra la 42 del carguero, como habrá sido la piña que la locomotora volcó y los vagones se le vinieron encima; el camionero que seguramente venía dormido y ni vio la barrera murió en el impacto, el maquinista y el foguista, los dos de Tandil, también murieron, uno aplastado por la máquina y el otro quemado, unas horas después en el hospital de Lobería.   

Fue tremendo, el señalero desde aquí arriba vio todo y fue el primero en tratar de ayudar, claro te imaginás, no pudo hacer nada. Quedó muy mal, el fue el que grabó la fecha, 20 de octubre y las tres cruces en la tabla de la mesa, el tipo estaba obsesionado...... 

Y donde está ahora, digo.... el señalero ese, alcanzó a preguntar el Tano. 

Es el fulano que vos viniste a relevar, está desde hace seis meses con licencia médica, creo que lo internaron en Buenos Aires, decía que desde entonces todas las madrugadas de los días 20 veía venir el tren del lado de Tandil y al llegar al paso a nivel, tenía que taparse la cara para no ver de nuevo el pavoroso accidente, duró unos meses pero no aguantó mas, pobre tipo se volvió loco.   

El Turco siguió hablando de los dos guinches que vinieron de Tandil y Mar del Plata a levantar la máquina y los pedazos de vagones, de la cuadrilla que reparó la vía y del servicio interrumpido como una semana, pero el Tano, a esa altura del relato ya no escuchaba nada, ni siquiera escucho el saludo despidiéndose hasta el otro día ni las recomendaciones del servicio que le dejaba el señalero relevado.   

A fin de mes se fue de Tamangueyú. Pidió su retiro a la empresa y se volvió a Veinticinco de Mayo. Hoy, treinta años después, el Tano tiene un boliche frente a la plaza, en Veinticinco lo conocen todos y lo aprecian mucho, es un tipo charlatán y jodón, le gusta hablar de todo, eso si, menos de trenes y de su paso hace ya tiempo, por Tamangueyú.

Marcelo Arcas   El  apeadero, cuentos, historias y curiosidades ferroviarias.

http://www.rumboalsud.com.ar/





Tuesday, 2 June 2015

DIA DEL PERRO (Layla day)







"fiel a su destino y a su parecer
sin tener horario para hacer la siesta
ni rendirle cuentas al amanecer" Alberto Cortez


Viejo Perro Blanco 
Spinetta y las bandas eternas(Invisible Spinetta -Pomo -Machi)


Monday, 1 June 2015

Al filo de la realidad, de Fernando Ambrosino

Al filo de la realidad, de Fernando Ambrosino



fragmentos de la novela Al filo de la realidad

EN ALGUN LUGAR DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES, FINALIZANDO EL OTOÑO, DURANTE EL AÑO CRISTIANO DE UN MIL NOVECIENTOS NOVENTA Y UNO.


El señor Rigth miraba hacia la calle desierta de aquella tarde de domingo. A través de él, pasaban en ese momento un sinnúmero de vagas imágenes de lo que había sido su vida.
Era un hombre relativamente joven, nacido allá por el 45.
Mientras, sobre la calle de aquel departamento de Ayacucho caía una imperceptible llovizna. Esta no hacía más que acentuar esa sensación de vacío, por la que nuestro hombre estaba transitando.
Toda su existencia la había invertido, luchando tras la búsqueda del bienestar, del equilibrio, del crecimiento moral y, hoy, en ese mismo momento, se acababa de dar cuenta, que una vida bien vivida no es precisamente aquella en la que se cumplen objetivos, en la que se llega a “metas”, si esto no va acompañado de algo que por desgracia no se compra. Ser protagonistas de nuestra propia existencia.
El placer de poder disfrutar de cada instante como si fuese el último, de vivir la angustia de lo inesperado, percibiendo como la adrenalina corre por las venas.
Si alguien, al menos en pequeñas pinceladas, no cuenta durante su paso por nuestra bendita tierra con esto, será simplemente un espectador, de lujo, pero espectador al fin.
De pronto sintió que todo se desbarrancaba, que había perdido el timón, que iba por el rumbo incorrecto. Se vio sentado por  un momento en su sillón del diario, donde día a día golpeaba la vieja máquina de escribir tratando, tras su fachada de crítico y analista de arte y espectáculos, poder evaluar las obras de quienes en el fondo, y muy a su pesar, habían tenido el coraje de volcar al papel experiencias, fantasías, vivencias y frustraciones.
El hablaba de otros, de lo que hicieron otros……
La noche caía sobre Buenos Aires.                                                                                                                      
Lo sorprendió el neón  de una marquesina cercana, mientras las primeras sombras inundaban la habitación. El lugar había tomado con la penumbra una imagen algo mística.
Toda la decoración del ambiente era pesada, sobria, con casetones de madera forrando las paredes, una gran biblioteca con dos pequeñas pantallas. El mobiliario contenía solo lo básico, escritorio, un sillón, una mesita, y un par de sillas todo en estilo Victoriano.
Así, meditando, cayó en la cuenta que el tiempo había pasado, que ya era de noche, y el último hilo de luz solar se terminaba de marchar.
Se alejo de la ventana y fue hacia el escritorio a encender la lámpara. Miro el reloj: 19,00 hs.
Pensó en la necesidad de revertir la situación, de darle una vuelta de tuerca, de intentar hacer algo que de por si modificase, de alguna manera, al mundo que lo circundaba. Poder salir, de una vez, de la gris butaca de observador, en la que se encontraba sumergido.
  Así fue pasando el tiempo, mientras iba penetrando en un estado de letargo. No de sopor, que irremediablemente te lleva al sueño, sino por el contrario de concentración, una sensación que podría tener algún paralelismo con el autismo, en donde el mundo exterior pasa a estar como mucho más atrás, y solamente queda en la superficie de la conciencia uno, simplemente uno y sus pensamientos.
Seguramente, cada oficio tiene aquellas herramientas que te ayudan a encontrar el pulso justo para lograr la tan ansiada musa inspiradora, como por ejemplo para los actores es la memoria emotiva, capaz de hacer caer en una profunda tristeza a estos, con la mochila de sus personajes a cuestas.
Aunque, si bien todo lo anterior es cierto, no surge de la noche a la mañana, como por generación espontánea.
La capacidad de aislarse, abstraerse, desde luego es una gimnasia que sin dudas, necesita mucha dedicación sobre todo para alguien que siempre participo en el otro “bando”.
Volvió a la realidad. Había estado al menos dos horas delante de la maquina, sin lograr dar forma a ningún texto con el que escalar hilo narrativo alguno.
Recordó la canción de Serrat, aquella en la que la musa viajó de vacaciones y se conformo con el valor de aquel primer intento, pensando en que si persistía seguramente pronto lograría su cometido.
Arranco el papel de la maquina y lo tiro al cesto. Se preparo un sándwich, un vaso de coca, y enfilo por el pasillo hacia su habitación, con el fin de enganchar alguna peli  que lo fuese, de a poco, llevando al sueño.
                                                                          HOJA 1                                                                                            
Sonó el despertador: Las seis y media de la mañana.
Poco a poco el sonido lo fue acercando a su autentica cotidianeidad, sacándolo de un sueño del que no estaba seguro hubiera querido volver.
Como un acto reflejo propio de alguien con hábitos de conducta ineludibles apago semejante tortura y comenzó a acomodarse los huesos, con el infaltable “crack” de su cuello.
Por un momento le paso por la mente la idea de dejar todo y seguir durmiendo. Se pregunto qué pasaría si eso sucediera. Nada, seguramente lo llamarían del diario y tendría que inventar alguna excusa para la que coartadas no le faltarían.
Se sacudió por enésima vez la modorra y en un esfuerzo supremo se levanto.
Sintió un escalofrío al atravesar el pasillo rumbo a la cocina. Cayo en la cuenta que afuera era pleno invierno y que además, en esta época, con la estufa del dormitorio no alcanzaba.
Instintivamente, miró el almanaque de la pared: 9 de junio de 1991, - Para peor, lunes, se dijo.
Colocó dos tostadas en la maquina, puso el café a calentar y enfilo para el baño.
Al mirarse en el espejo, sintió un casi inevitable paralelismo con aquel, “El show debe seguir”, que tan maravillosamente dirigiera Bob Fose, así que chasqueo los dedos y se estimulo con la idea que al menos el todavía podía desarrollar un proyecto de vida sin el riesgo de morir en el intento.
A medida que se iba despabilando acelero el proceso para salir. Paso por el quiosco de diarios y compro un ejemplar de “Pagina” y otro de “Nación”, acto casi compulsivo porque tenía todos los ejemplares a su disposición en la redacción. Igualmente lo hacía para informarse al menos escuetamente de la actualidad y no ser así “madrugado” por algún compañero al llegar al diario. Bien se podría llamar histeria profesional.
Se “tiro” del colectivo y antes de entrar compro en la esquina su clásico paquete diario de Marlboro suave box. Caminó lo más rápido que pudo hasta el ascensor para evitar tener que saludar a cincuenta personas, sin lograrlo con una o dos que lo fueron a cortar *“con los dos pies hacia adelante”.      
Se encerró en su oficina, y ya tenía sobre su escritorio todas las revistas de actualidad de la semana. De ellas, en más de una ocasión, extraía el pie para algún editorial.
Pero ese día no tenía ganas de leer.
Recordó su fúnebre tarde de domingo y le vino la necesidad de hablar con alguna voz amiga, alguien que le sirviese de oreja, pero que al mismo tiempo jugara en el mismo bando.
Habiéndose quedado todo el feriado en su casa, reparó en el detalle que no conversaba con alguien desde el sábado a la noche, momento en el que había ido con unos colegas al preestreno del último filme de Almodóvar que se presentaría en cartel a partir del jueves venidero.
Golpearon a la puerta.
-Pase, grito
-Buen día, Ale -¿Estas ocupado?
-No, Jorge, pasá, pasá y cerrá la puerta.
-¿Qué pasa? -¿Algún chisme suculento? mirando la cara de su amigo, con expresión de que se callara de una vez.
-¿Entonces? Insistió Jorge, haciendo caso omiso.
-Pasa que toque fondo y la verdad es que lo visto no me gusto para nada…
-No te hagas problema viejo, después de un domingo de invierno y con lluvia como el de ayer, hay que tener mucha guita para que la pálida no te moleste.
-Pero mirá, ya que tenemos la posibilidad de ser vagos pero con carnet, porque no nos cruzamos enfrente y nos tomamos un “feca,”-¿Te parece?
Salieron del diario y enfilaron hacia un bar ubicado en el “bajo” y Tucumán, típico lugar de paso rápido, reuniones de trabajo y encuentros non santos.
-Bueno, cuando te corte estabas en el fondo y -¿Que viste?
-¿Qué queres que te diga? -Me di cuenta que era un tipo hibrido.
-¿Cómo es eso de hibrido?-Pasamelo al idioma barrial. -Si negrito sin vida, sin algo, sin un mísero motivo en la vida que me haga vibrar, sacudir el apresto que nos da la rutina, que paulatinamente nos acartona y de alguna manera nos paraliza.
-Pará, pará, no hables tan largo que te pones patético, -¿Te diste con algo, empezaste con algún tratamiento?
- No boludo, -¿Vez como sos? -¡Así no se puede hablar en serio!
-Escúchame Ale -¿Podes parar la moto un minuto? -¿Vos tenes cuarenta y seis, si?

*En el futbol, agresión punible de tarjeta.                      HOJA 2

-¿Vivís solo, si?
-¿No estarás necesitando cierta compañía, permanente me refiero, que no tenés?
-No negro, no es eso.-Tal vez, para serte sincero, si yo tuviese esa compañía, “permanente” a la que te referís, tendría evidentemente otras prioridades. -La cabeza, al tenerla ocupada en el día a día, permanecería un poco menos libre para utilizarla con planteos existenciales. -Naturalmente, no hubiese tenido un domingo como el de ayer.
-¿Pero? Lo interrumpió Jorge.
-Pero eso no quita todo lo que yo siento con respecto a mi vida. -Cada palabra que te he dicho hasta ahora fue perfectamente razonada, y no propia de un trasnochado sino racionalmente pensada y elaborada.
-Esto es algo que me viene horadado desde hace largo tiempo, Jorgito.
-¿Desde la muerte de Claudia? Inquirió Jorge.
-Negrito: Vos sabes perfectamente lo que fue Claudia para mí. -A partir del accidente mi vida ya no fue la misma.
-¿Pero fundamentalmente, se te agrando la cama, o miento?
-¡NEGRO! -¿Me queres hacer calentar? -No juegues con los recuerdos de esa manera.
-Lo único que quiero es que cambies esa cara de mierda que tenes hoy. -Si te ofendí, o sentís que no respete el recuerdo de Claudia, te cuento que nada estuvo más lejano de mi intención.               -Además, no te apropies del dolor como si fuese de tu patrimonio porque ya sabes muy bien lo que significaba la flaca para todos nosotros.
-SI, está bien. Se disculpo Alejandro.-Pero…
-Pero nada, Ale, afloja. -Necesito de alguna forma hacerte ver las cosas de otra manera.  
-Entendé esto amigo. -Ni siquiera Robinson Crusoe pudo abstraerse del mundo y al final de cuentas, todo lo que sufrió y aguantó fue simplemente para poder soportar el tiempo suficiente hasta que alguien lo rescatase.
- Creo que llego el momento de volver al  servicio activo, Ale, porque te quiero te lo pido, desempolvá el almidón y conectate con el mundo.
-Pero negro, replico Alejandro. -Yo no quiero de ninguna manera desconectarme del mundo, simplemente quiero cambiar, dar un giro.
Mueca y silencio de Jorge -Y una forma de conectarte con el mundo sería dejar de hacer ese papel de ermitaño que no te queda bien.  
-Tal vez tengas algo de razón, prometo al menos pensarlo,- ¿Te parece? aflojo Alejandro.
-Mira, mira, nos conocemos desde hace el suficiente tiempo como para tener la autoridad de intuir que detrás de todos estos nubarrones negros hay algo más -¿Que movida estas elaborando?
-¿Vos tramas algo, porque no largas prenda?
-Mira, la verdad, Jorge, es que me vino el impulso de sentarme a escribir.
-¿Escribir? -Pero si no has hecho otra cosa en los últimos veinte años.
-No fui claro, quiero decir, escribir mi propia obra.
-¡PERO ESO ES UN NOTICION! -Amigo, hubiésemos empezado por ahí -¡La verdad es que me pone muy contento la noticia! -Pero decime, -¿Tenés algo en mente?
-Se adonde quiero llegar. Seco Ale -Pero no me pidas mas detalles porque por ser un ermitaño, ye conté bastante.
Jorge, sonriendo -Es verdad, Ale, y me pone muy feliz.-Se me ocurre una idea, porque no te venís el viernes a cenar a casa y se lo contas personalmente a la bruja, le va a encantar la noticia.
-Me parece una idea bárbara, llevo postre.
-Flaco, Disculpame, lo cortó Jorge,  pero si no vuelvo a la oficina rápido, me matan, el jefe ya debe haberse apiolado de mi ausencia, y no son épocas para estar haciéndose el pelotudo.
-Si, por supuesto, no hay drama, Negrito, y de paso, mientras subimos, vamos hablando un poquito de futbol. -¿O para eso si es buena época para hacerse el señor que vos acabas de invocar?
Los dos se fueron riendo, mientras cruzaban la calle, de regreso.



                                                                      HOJA 3
                                                                 

                                                                         3

Volvieron a la redacción. La charla con Jorge lo había tonificado, reconfortado.
-Martha, dirigiéndose a su secretaria -¿Hubo algún llamado para mí?
-Si señor, lo llamaron de editorial Perfil y también lo hizo su madre.
-Bueno, comunícame con “mi vieja” y Pasamelo a “la cueva”.
Ale, pensando- Con el bajón se me paso el domingo y me olvide de llamarla, seguro viene de sermón. Siempre solía pasar un rato de la tarde de los domingos con su madre.
Ella es una persona con un carácter y temple inigualables. Pertenece a la casta de mujeres inglesas que habían forjado su moral sobre la sangre derramada.
Desde muy pequeña, se vio obligada a sobrellevar junto a su madre y abuela del hoy periodista,  la lucha titánica de sostener un hogar sin hombres, pues su padre, abuelo de Ale, había muerto en la “gran guerra” a manos de una bala Alemana allá por el “17”.
Desde ese momento, y a medida que su edad se lo fuera permitiendo se empezó a consolidar como el pilar de la familia.
Contrajo nupcias en Londres, durante agosto del “37” con el Mayor de la Royal Air Force, Sir William Rigth. Con este, tuvo tres hijos de los que nuestro protagonista resultó ser el que nació en medio de sus dos hermanos, varón el mayor y mujer la menor. Luego de un brevísimo tiempo de paz en donde el oficial pudo sostener una vida normal, es decir, de casa al trabajo y viceversa, comenzaron los acuartelamientos, mientras la vigilia del Comando de operaciones Aéreas, esperaba que los aviones del “Eje” violaran el espacio aéreo ingles.
No tardo mucho en ocurrir y muy pronto iniciaron las hostilidades. Ya en acción, el Mayor se destacó por su pericia y notable heroísmo, teniendo el fuselaje de su Spitfire cubierto con los derribos ocasionados al enemigo. En una de estas misiones, sobre la costa Francesa, persiguiendo a dos “Stuka” sedientos de combustible luego de haber “depositado” sus bombas sobre suelo británico, se produjo una escaramuza entre los tres aparatos, pudiendo el británico derribar a uno de los cazas alemanes.
El mayor, concentrado en la certera ráfaga que derribo al primer aparato, perdió de vista a su segundo oponente por un momento, lo que le basto a este, para encaramarse desde abajo a toda velocidad y atacar la panza del avión del padre de Alejandro.
Consecuencia de la metralla fue la pérdida total del tren de aterrizaje del “tigre volador” y además, sendos impactos en los tanques de combustible.
Al creer que había terminado con su adversario, el avión nazi restante tomo rumbo a su base. De no haber sido por la falta de gasolina, seguramente el Stuka hubiera ultimado a William. Luego de un segundo en donde solo esperaba el final, con un esfuerzo supremo logro destrabar el timón, haciendo que el maltrecho aparato enfilara para su base.
El piloto había quedado con el hombro y pierna izquierdos destrozados por la metralla.  
Al llegar cerca de la costa, “Ghost Rider” ,nombre clave del Mayor dentro de la fuerza, fijo con su base la posición, y, abriendo la escotilla, salto al mar con su paracaídas, siendo recogido varias horas después por una patrulla de la guardia costera.
Las heridas recibidas, más el congelamiento por flotar a la deriva en el canal de la Mancha, dejaron al mayor sin la posibilidad de volver a pilotear.
Su esposa, entre tanto, lucho a brazo partido para que el ex piloto no cayera en la típica depresión por la que transitan aquellos hombres del aire a los que les sacan las alas.
Con la guerra todavía en su clímax, corría el 1942, Helen, tal el nombre de la madre de Alejandro, convenció a su marido de la urgencia por dejar Inglaterra, y emigrar a Sudamérica, escapándose del martillo nazihttp://www.wattpad.com/story/2282598-al-filo-de-la-realidad


"Ese sentimiento de lo fantástico, como me gusta llamarle, porque creo que es sobre todo un sentimiento e incluso un poco visceral, ese sentimiento me acompaña a mí desde el comienzo de mi vida, desde muy pequeño, antes, mucho antes de comenzar a escribir, me negué a aceptar la realidad tal como pretendían imponérmela y explicármela mis padres y mis maestros".( Dice Cortazar acerca del primer cuento), aqui esta Fernando,mi primer amigo,mi amigo de mi infancia temprana , mi eterno vecino de Caballito,transitando ese sentimiento, Mis sinceras felicitaciones