LA VUELTA DE OLMEDO En mi sueño
volvió el Negro, sin motivo ni explicaciones existenciales sobre la vida ,la muerte,
la resurrección, nada.Como siempre en los sueños se presenta ese viaje impertinente y absurdo
sin boleto que nos pasea por parajes desconocidos, en vacaciones no planeadas, o
en películas de horror nunca filmadas. Sin respeto por las reglas del universo,
la distancia y el tiempo se licuan y tu cuerpo recibe como premio un brebaje
suculento de endorfinas. Volvió y era como que nunca se había ido. Como siempre
en el set haciendo de las suyas, repartiendo bromas y sonrisas por docena, caminando
por la soga improvisando la difícil rutina equilibristica del cómico sin libreto.
Como
siempre haciéndonos cómplices de travesuras , recordando aquellos tiempos en
los que con Coquito se escapaban de los límites
del estudio ,matafuego en mano espantando a los técnicos, escrachando en primer
plano al cameraman, derrumbando para nuestro regocijo la triste encartonada ilusión de la cajita feliz perfecta perpetrada
por la TV .Mostrando cortinas viejas ,obscuros pasillos y pálidos decorados. En pocos minutos desfilan
brevemente algunos de sus celebrados personajes.
Cuando le
llega el turno a Chiquito, no duda ni un
segundo, le patea la mesa de café donde están los gruesos expedientes del
contrato a firmar por el Facha Martel y no atina a levantarlos ni pide
disculpas. Solo mantiene una línea de acero que une con su mirada, sus ojos con
esos inmensos faroles que desplegaba por entonces Susana Romero. Ella comprende
que finalmente llegó el momento de entregarse y en silencio, su corazón a pura
marcha, se desboca impacientemente contenido apenas de la misma forma que con esfuerzo intenta inútilmente ese
escote blanco contener sus senos, y en su boca la lujuria despiadada muerde labios
y deseos.
Martel torpemente,
sin guardia ni recursos trata la farsa de darle continuidad al sketch ignorando
una derrota irrevocable, se agacha a recoger los papeles buscando entre ellos
la ilusión de un libreto inexistente .Chiquito tira los anteojos y el moño, se
acerca a la morocha, la toma de la cintura y le encaja un tremendo chupón de
esos que empañaban la pantallas de las novelas de la tarde.
Martel aun
en el suelo como boxeador en knock out tratando de manotear las cuerdas para
levantarse, los mira boquiabierto de estupor y desconcierto.
Chiquito
como el Toro de las Pampas no planea darle tregua, entiende por el suspirar
agitado y la mirada de Susana que este es su micro segundo de felicidad
merecida, la razón de todo su pasado postergado, ese minuto de eternidad en que
el amor nos impregna. Sin perder tiempo aun con la morocha de la cintura
empieza a caminar para la salida pisando sin cuidado los contratos mientras
deja a Martel con esta frase: “Mira Flaco, he decidido dejar el puestito miserable, he ahorrado lo suficiente como para tener un buen
pasar. Con la Negra nos vamos a disfrutar de un verano de romance y pasión en
un recóndito paraje del Caribe”.
Acto
seguido mientras se alejan por los pasillos, se escucha un viejo tango acompañado
solo con guitarra. A su manera en su regreso , con su último acto nos reivindicó
a todos los que pacientemente esperamos ese minuto de magia irracional
surrealista en que el amor te palmea en el hombro mientras estas sentado en el
banco de suplentes y te dice” Entra’, dale , esta vez te toca a vos. No me defraudes”(En Abril de este anio se cumplieron 25 anios de que me ocurrio a mi)
Al
despertar recibo ese bienestar endorfinico y la sensación de que el Negro está bien,
haciendo de las suyas en algún lugar del universo. Lástima que se lo extrañe
tanto.