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Monday, 21 August 2017

SOBRE CONTRA URNA




El ingeniero agrónomo Esteban Santipolio es un graduado de la FAUBA(Facultad de Agronomia , Universidad de Buenos Aires) , tiene posgrados en agronegocios, desarrollo rural en la FAUBA de tecnología  de produccion de oleaginosas y  tambien desarrollo’ estudios en Israel IFAPA Jaén y España respectivamente. Director de la consultoría agrícola de CIASA miembro desde 1997, Miembro del panel de degustación de aceite de oliva UCC COI Director Regional certificado INTA Cuyo, desarrollador de proyectos hortícolas y olivícolas en más de 10.000 hectáreas, viveros, agronegocios, envasado y comercialización de aceite de oliva en Argentina, Uruguay, Australia, Brasil y Turquía desde 1992 hasta la fecha.






"Mi recuerdo imborrable es de las primeras intenciones de renacer de las cenizas , de re organizar, de re fundar algo que muchos de nosotros aun no conocíamos.
El Centro de Estudiantes de la Facultad de Agronomía.
El proceso desde la Comisión Reorganizadora, las primeras agrupaciones, la campaña y las primeras elecciones.
Entre ellos , Esteban y un grupo de locos lindos formaban un agrupación a mi parecer diferente, llena de proyectos, ideas factibles, mejoras para todos, apuntes, clases , viajes , pasantías.

No lo dude’ ni un minuto, me uní humildemente dentro de mis limitaciones a ellos y forme’ parte de 2 listas de candidatos, fui fiscal en las mesas de elección, participe’ de numerosas reuniones , asambleas , publicaciones etc. Allí estaba Esteban como un dinamo, entregando horas, esfuerzo, discutiendo, organizando , consiguiendo , dando el ejemplo…
Hoy es para mi un orgullo presentar un cuento de su autoria."

JM






SOBRE CONTRA URNA

Me puse ansioso en la cola mientras iba llegándome el turno. Estábamos allí por primera vez junto a legiones anteriores mas curtidas, insatisfechas por los resultados y sabiéndonos parte importante de un derecho que recuperábamos…otra vez.



La espera, nos deja marcas y recuerdos empecinados en cambiarnos la historia para siempre.



De las cenizas del general muerto, de la lluvia cayendo aquel Julio triste del 74 sobre cada mano áspera que regresaba sin consuelo a su hogar,  atravesando cada labio reseco de bronca desalentadora, cada mirada alejada y perdida en la historia familiar, surgía una esperanza hecha máquina de coser, bicicleta, o simplemente pliego de libro húmedo de madre llorona.

Así el turco Jacinto nos contó el relato de su tío por parte de madre, sobre por que había llorado como peronista que atrasa el paso a la inmortalidad del líder del Movimiento…justamente él, que había sido ferviente sostenedor del peludo Don Hipólito, se miraba las manos curtidas de tanto cuero hecho zapato, y se sentía parte de los desprotegidos del poder que este hombre había transformado definitivamente, en ciudadanos con derechos.
Fue en el conventillo de la calle Jujuy, en pleno barrio de San Cristóbal, que conoció a quien seria su amor tardío y compañera. Mucho resentimiento en aquel lugar ajeno donde viviría tantos años, lo habían convencido que desde allí no llegaríamos a ser una sociedad que viviera dignamente.
Cuentan que sintió un vacío eternamente hondo, un dolor inacabable. Ese mismo día uno de sus hijos no regresaba de la escuela industrial de Flores, y su preocupación fue con el paso de  las horas confirmándole que nunca más vería con vida  a su vástago mas cuidado.
En parque Centenario once balazos por la espalda terminarían con la vida de quien en la escuela técnica era conocido como el colorado del bombo. Pocos tan visibles y francos como él. En cada marcha, toma de escuela o movida violenta y repentina a otros colegios, hacía tronar el bombo de sonidos  rojos marcando el paso de casi dos mil alumnos, ovejas en marcha confiadas del buen pastor.



De las botas que dejamos llegar vinieron las tumbas sin muertos, la emigración y los que quedaron en el nido incendiado de violencias silenciosas.

Mezcla de sabiduría social y confusión particular era este relato del gordo Juan Carlos. Amigo y colega, criado en  “Ciudad Evita”, ubicado frente al batallón de la Tablada, otrora famoso por la toma y la posterior represión en épocas democráticas. Hijo del quiosquero, en su época estudiantil la hacía vendiendo periódicos. Siempre  tarde en los exámenes, desaliñado, pidiendo disculpas con un diario bajo el brazo. En las primeras elecciones universitarias donde yo era candidato electo me abrazaba en los festejos, bañado en vino –común- diciéndome ¡“vos sos pueblo”!, acordate y  no te vas a equivocar.















Ahora como doctor en Economía y funcionario sigue siendo importante referencia cada vez que me citan en la cola…pero aquella vez, la primera, mientras había angustia por todas las expectativas que teníamos, sabio como pocos, disfrutaba el regreso.










De la guerra, absurda y vertiginosa, desigual y criminal, helada y mutilante, aprendimos definitivamente lo que no debía ser en aquellas Islas y en otras más continentales pero igualmente aisladas.

Lo que parecía eterno voló en mil pedazos y rodó cuesta abajo hasta entregar el poder. Hicieron falta 600 muertos en el atlántico sur para que finalmente bajaran los brazos y se rindieran ante la evidencia de su incapacidad…LO QUE NO DEBIO SER, decía un cartel valiente para la época. Desde allí no dejamos de participar nunca de la efervescencia juvenil y contagiosamente adolescente de un país recuperado, de una sociedad puesta de pie, devastada por los fracasos y arbitrariedades  del autoritarismo cívico militar.
Mis manos sostenían  sudorosas e incómodas un sobre aún vacío, metido en el cuarto oscuro lleno de luz inspiradora y sin interrupciones, mi voto dentro prolijamente doblado, un lengüetazo tímido al pegamento, mis dedos acariciándolo como los recibidos en mi infancia. Al salir me sentía observado por el mundo entero, caminé los tres pasos finales lentamente como saboreando el final y nos fuimos metiendo juntos en la ranura húmeda, expectantes y emocionados. Froté como en un juego erótico, sobre contra urna, urna contra sobre, esperando alguna foto que nunca llegó votando alto.
Adentro los sueños de mentiras públicas que el poder se permite, escudriña y defiende en fortaleza. Afuera el fraude que sale de opiniones y conteos previos. Las ilusiones que insisten en tierna insistencia, suelen escaparse como prófugos del penal. Como en un acto de amor provocativo violamos sistemáticamente al poder cada vez que votamos, con el único objetivo de torcer rumbos, consolidar propuestas o simplemente dar testimonio de que pertenecemos.





Esteban Santipolio escribio' bajo el seudonimo de Mario Aberastaín 290813
Publcado en un libro que edito la legislatura de san juan cuando se cumplieron 30 años de democracia