Los enigmas de un sueño y el Capitan del crucero
En mi
extraño sueño yo era el Capitán del prestigioso crucero “Ostentacion del océano”
Y una
mañana la tripulación del elegante crucero me despertó sumergiéndome repentinamente
(aun estando en el sueño) en el espanto de contemplar la totalidad de los
cadáveres de los distinguidos pasajeros flotando en una turbia mezcla de
champagne y excrementos en el salón de baile “L’esplendour”.
De
inmediato ordene’ al personal medico los correspondientes test de patología de rigor para determinar la posible causa de la tragedia.
Al mismo
tiempo encargue’ la investigación de cualquier posible envenenamiento o acto
criminal que pudiera producir semejante desenlace al oficial a bordo responsable
de pericias el ex investigador de Pre’fecture , Sergent-chef Jean Claude Formidol.
El experto
forense Jean Claude Formidol no pudo concluir en su diagnóstico si se trataba
de una mutación justiciera del virus del Ébola, o un exceso de toxinas de una
variedad de caviar extraído de esturiones asfixiados en aguas nauseabundas
intoxicados por desechos dispensados por una de las compañías que
paradójicamente contaba entre los viajeros como principales accionistas.
Sin embargo
Formidol también atribuyo’ la tragedia al temible síndrome de aburrimiento
prolongado que podría haber inducido la baja de las defensas inmunológicas de
los fallecidos , adjudicándole a cualquier virus común la potencia devastadora
de la peste negra. Sin duda habían pasado un tiempo excesivo practicando el
juego del golf entre mediocres, entablando conversaciones superficiales,
comparando las dimensiones de sus penes y la nauseabunda voluptuosidad de sus
fortunas y deambulando por lugares extremos del planeta acumulando fotos para
sus cuentas de instagrams que nadie visitaba sin poder conocer ningún lugar de
la tierra en absoluto.
"De no haber
sido esto, un iceberg poderoso hubiera tarde o temprano infringido una herida
mortal en las entrañas de la lujosa fortaleza flotante agrego’ Formidol.
"Sin
deambular por las calles, comer pizza en los puestos de Nápoles, oler la fruta
del mercado Sorrento o charlar con los pescadores de la costa del mar de
Andaman , dejarse humedecer por las lloviznas de Buenos Aires o besar a su
pareja bailando al compás de una banda de blues en aquel pub de Dublín, o amanecer al frio con los primeros rayos de la luz del día compartiendo un café
con leche con bailarinas del Moulin
Rouge en un café del barrio de Montartre; sin algo de esa magia, viajar no tiene sentido" (insinuo’ el
forense).
Viajar sin
conocer, vivir sin sentir, merecida cárcel de lujo, asepsia mortal concluyo’
Formidol deleite aparente pero sin duda empalagoso disguste.
Me desperté
sobresaltado y descubro en mi mesa de luz el folleto de mi reserva al crucero por
las islas del Pacifico, vacaciones que he decidido cancelar de inmediato .
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